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Élodie B. Darnel.

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Élodie B. Darnel.

Mensaje por Élodie B. Darnell el Lun Mayo 02, 2011 6:13 pm



ÉlodieBeatriceDarnell
'Convénceme, por favor; dí que no fue culpa mía.'
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Información inicial.


»Nombre Completo: Élodie Beatrice Darnell Leigh.
»Apodos: Ah. Veamos. Corto y conciso: no le gustan para nada, absolutamente nada, los apodos. Los detesta. O bien la llamas Élodie, o bien no la llamas. Su madre no sufrió un parto largo y doloroso para que luego no utilicen el nombre que escogió a su hija. ¡Por el amor de Dios!
»Fecha de Nacimiento: Dieciséis de Octubre, 1992. Diecinueve años.
»Ocupación: Hace tres años y ocho meses que es modelo. Pero acaban de echarla. Ah, pero consiguió trabajo nuevamente. Es uno mejor, y más cerca de su hogar. Sí, sí, mucho mejor... Lo siento, lo siento: modelo, simplemente es modelo. No más explicaciones, lo prometo.
»Rango: {Espacio en construcción. Luego podrán editarlo-completarlo.}


Información física.


»Descripción Física:
{Hailey Clauson}:
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»Otros datos: Suele vestir más bien informalmente. Siempre serán dos piezas, jamás vestidos. Ah, odia los vestidos.

Información psicológica.


»Personalidad:
It's the moment of truth and the moment to lie.
¿Cuál es esa línea que separa el bien del mal, la verdad de la mentira, lo blanco de lo negro, de la que todos hablan? ¿Esa línea tan excesivamente fina que separa la corrupción de la integridad? ¿La crueldad de la dulzura? ¿La guerra de la paz? ¿A Osama Bin Laden de The Beatles? ¿Cuál es esa línea divina de la que todos hablan, pero que nadie realmente conoce? ¿Cómo están seguros de que es real? ¿Cómo...? ¿Y qué sucedería si dijera que ésta línea tan famosa no es un qué, sino un quién? Sí, aquí está este quién del cual estamos hablando: Élodie Beatrice. La línea. La separación. Lo neutral. El punto medio. ¿La salvación? No. ¿La verdad? No. ¿La perdición? No. ¿La mentira? No. Entonces, ¿qué? Nada, todo. Así de simple se los presentaré. Con una frase que tiene de paradógica lo de bonita es como fácilmente se podría explicar a la hermana menor de ese narcotraficante que fue asesinado en esa tan fantástica fiesta de cumpleaños. Si es sincera, luego miente. Si es mentirosa, luego dice la verdad. Se contradice a sí misma a cada paso que da, con cada palabra que pronuncia. No se sabe si lo hace a propósito, o si simplemente ella es así y no puede evitarlo. Si nadie sabe hoy, nadie sabrá nunca. ¿Que qué digo? Que no confía en absolutamente nadie, y que por esa razón nadie la conoce. Más claro el agua limpia. Centrada, distraída. Si quiere algo lo suficiente entonces se concentrará en conseguir ese objetivo en particular; si luego ese algo le aburre, lo deja tirado. Durante un minuto le interesa, y al siguiente le da absolutamente igual. Así de totalmente extremista es. Hoy sí, mañana sí, al día siguiente ya no sabe ni a qué decía sí. Simple, clara y sin demasiadas complicaciones. Tan fácil de comprender, y tan servicial que empalaga... Y luego se vuelve su propio antónimo, y sale la Élodie a la que absolutamente todo le da igual. Llámenla ignorante, vamos, sé que quieren hacerlo; pero la verdad es que más que ignorancia se trata de olvido. Si hace de cuenta que ignora a todos y todo, entonces no tiene que dar la horrible y vergonzosa confesión de que, en realidad, solo es un simple y casi inútil modo de olvidar. ¿Olvidar qué? Desde el par de bodas de su padre a las que asistió, hasta sus años de bulímia, pasando por la muerte de su hermano, la pérdida de su religión y la vuelta a la contínua e inmensa neutralidad. Ésa que mezcla luz y oscuridad, que la atrapa y no la deja escoger un camino de una jodida vez.
Pero ella no llora, y pocas son las veces que ríe. No está feliz, tampoco está triste. No quiere, no odia. No siente, simplemente. Neutralidad, equilibrio y desinterés: Élodie todo puede evitarlo, Élodie todo puede hacerlo, Élodie la fuerte. ¿Saben cuál es su lema? "La ignorancia mata", y ella espera que mate al ignorado y no al que ignora; pues sino tendrá un ligero problema. Siento mucho si la quieres, de verdad que sí, porque creo que no hay nada peor que recibir silencio a cambio de cariño. Eso es todo lo que te brindará: silencio, más ignorancia. No quiere que la quieran, está bien siendo así de solitaria como es. Está... ella está perfecta así. Trata de convencerse de que así es, de que lo mejor para ella es estar sola. ¿Razones? Una única, y válida -al menos para ella, de mente torcida y cerrada-: odia destruir todo lo que le importa mínimamente. ¿Paranoia? ¿Así es como le llamas? Revisemos nuevamente los hechos. Nació y días después sus padres estaban divorciados, su abuela falleció días después de que su nieta llegara a vivir a su casa, luego su padre se casó con una veinteañera -como buen imbécil que era, es, y siempre será-, le iba mal en matemáticas -aunque ésto ocasionó que su madre conociera a un hombre bueno, Oliver-, después cayó en la moda adolescente del momento: drogas, alcohol y sexo; papá volvió a casarse con otra veinteañera, dejó todo Sydney atrás para ser modelo, y finalmente su hermano fue asesinado. Es en especial éste último hecho el que generó que Élodie, aunque la mayoría de las personas afirmen que está resentida con el mundo, la Élodie buena pero problemática irreconocida que era, terminara resentida consigo misma. Sólo con ella, sin culpar a nadie más. Las culpas sólo eran para ella, le pertenecían. La diferencia entre muchas personas y la joven Darnell -la única Darnell, la última que queda sin contar a su "hermanita" y a su padre (que no cuentan por ser quienes son)- es que todos echan la culpa a los demás, que nadie se hace cargo de nada. Con ella es al revés: ella se hace cargo de todo, se la culpable o no, haya presenciado o no el acto, para encubrir a otra persona o simplemente porque sentía que la culpa era suya y sólo suya. Piensa mucho en ella de ése modo, como "la culpable de...", tampoco puedo culparla por ello. Tampoco puedo culparla por haberse convertido en atea, por romper en mil pedazos la estampita de aquel dichoso salvador de los inocentes, por enojarse con Dios además de consigo misma.
The moment to live and the moment to die.
Vivir, morir. Muerte, vida. Probablemente ese fuera su deseo desde hace tiempo. Cerrar los ojos y terminar de dejar que la oscuridad la consuma; o bien abrirlos y que algo o alguien la ilumine completamente. ¿Por qué tiene que estar en el medio de todo? ¿Por qué le toca a ella ésa parte tan desagradable? No quiere el centro, no quiere la neutralidad, ni la ignorancia ni nada de eso. Quiere una personalidad, quiere escoger si se buena o ser cruel, quiere poder culpar a alguien más por algo que ella hizo, quiere -simplemente- algo por lo cual sentirse orgullosa de sí misma, una razón. Para vivir, más que nada, o para morir. Quiere un extremo de una vez, no soporta éste estado tan... vegetativo en el que se encuentra. Es como estar en coma, vives pero no hablas, no ríes, no lloras, no haces nada. Le causa escalofríos pensar que lo más probable es que pase toda su vida tan así, tan nula, como un cero a la izquierda de un número mayor. Siempre será "la hermanita de Araziel, el cabrón hijo de puta y narcotraficante que murió". También ese hecho, pequeño, silencioso, pero notable, le molesta constantemente. Igual que el silencio. El maldito, horrible, doloroso, sangrante, ruidoso, y asqueroso silencio que no genera más que una exploración interior que Élodie no desea realizarse a sí misma ni ahora ni nunca. Porque todo se reduce a actos, a actos que la llevan a ser cómo y quién es. Y, aunque no sea consciente de este particular hecho, la bulímia es un intento de "vomitar" estos hechos. No busca ser delgada, ya lo es. Sólo busca descarga, un poco de dolor y, ¿por qué no?, algo más para luego culparse a sí misma. Toda una chica rosa y feliz, sí -nótese y renótese la súperhipermegaenorme ironía de la oración-. No cree en las maldiciones, así como ahora no cree en Dios. No cree en la Iglesia -que bien podría compartir un poco de su exhuberante riqueza con el mundo-, tampoco en ella misma, muchísimo menos en alguien más. La confianza es una virtud demasiado luminosa para alguien tan gris, tan "punto-medio" como ella. Además de que tiene terror absoluto a la decepción, al dolor emocional y a quebrarse a sí misma. No quiere darle a nadie el placer de tener la llave a su interior. No, no, y mil veces no. Si alguien va a destruirla, será ella misma, con los métodos que ella elija, en el momento que ella elija. Y si decide darle a alguien un honor tan grande como lograr destruirla -destruirla más de lo que de por sí está-, entonces es porque simplemente se volvió estúpida y escogió un camino sin darse cuenta. Amigos, enemigos, conocidos en general. Todos saben que hay algo que anda mal con la rubia de labios carnosos. Hay una respuesta, con una sola palabra, que dice perfecta y claramente qué es lo que está mal con ella: TODO. Todo está mal, y por lo tanto nada está bien. Pero a la vez todo está bien, y nada está mal. Y aquí volvemos al mismo tema al que estamos dándole vueltas desde hace rato: neutralidad pura y dura.
Está sola, y en el fondo eso la ahoga casi tanto como estar acompañada por miles de personas. Tal vez si fuera un poco más abierta, tal vez si sonriera más, tal vez si fuera mínimamente más divertida fuera de las fiestas a las que asiste diariamente todo sería más simple. Pero nadie dijo que sería fácil, dijo alguien un día lejano a este. Si le tocas las manos estarán frías, si la miras a los ojos estarán rojizos o bien ojerosos, si miras hacia sus labios los notaras exactamente como los de una muñeca de porcelana proviniente de Francia, si le acaricias la mejilla lograrás notar cuántas lágrimas se secaron allí, y si le acaricias el vientre con un dedo podrías encontrarte con moretones que ella misma se genera, a manera de castigo o como bizarra manía. Si no se sintiera tan aterrorizada a morir y si no quedaran marcas -cicatrices, odia/ama las cicatrices, no son buenas para su trabajo-, practicaría la autoflagelación sin lugar a dudas. Pero tiene miedo de matarse, de morir y seguir siendo un ente más. Y el peor: que en su funeral nadie suelte siquiera una pequeñísima, diminuta y líquida lágrima agridulce. Tiene miedo a, finalmente, darse cuenta de que todo ella está mal, que necesita urgentemente una personalidad real, que necesita amigos, cariño y alguna aventura en particular que la haga despertar. Que necesita pasatiempos para no aburrirse, que necesita ayuda urgentemente, que necesita sentirse querida por alguien y no ser defraudada. Necesita que alguien le demuestre que ella no es una máquina de destrucción, como fue Araziel. Lo necesita, en serio que sí.
The moment to fight, the moment to fight, to fight, to fight, to fight.
»Gustos:
»Sentir, éso le gusta. Da igual si dolor o placer, con tal de sentir... está bien para ella.
»El frío invernal, ése que se te cala por los huesos. Ése que no hay en Sydney.
»Los globos rojos.
»Las cosas grises, el gris en sí mismo es su color favorito.
»Neutralismo. Puntos medios.
»Control. Descontrol.
»Dormir en la playa. ¿Extraña? La verdad es que sí.
»Fotografías, de ahí a ser modelo fue un solo paso.
»Verdades. Mentiras. Ambas.
»Etcétera.
»Disgustos
»Tomar decisiones.
»El café. Iug.
»El color verde, también el rosa.
»Los cuentos de hadas, los detesta de sobremanera.
»Los relojes. ¡Ah, los odia!
»Los perros. Animales feos y que ladran mientras quieres dormir.
»Gritos, tonos de voz más altos que el estándar.
»Dificultades, complicaciones, problemas; o como deseen llamarlos. Los odia.
»Los dientes. Estén torcidos, perfectamente bien o como sean; no le gustan. Le dan asco.
»Etcétera.
»Otros:
»Tiene la mala manía de hacer sonar sus nudillos cuando está aburrida.
»Le teme a la oscuridad desde que era una niña.
»Siempre dijo que moriría atropellada, o algo así.
»Tiene una gata gris, se llama Ágatha.
»Bulímica. Drogadicta. Masoquista. Y ahora también atea.


Historial personal.


»Familia:
»Edward U. Darnell: Padre. Cuarenta y nueve años. Empresario. Llevan una relación neutral, la verdad es que Élodie no ve a su padre desde hace, apróximadamente, tres años. Es que la rubia está resentida con el hombre que es su padre. Nada más que agregar.
»Amelié N. Leigh: Madre. Cuarenta y seis años. Pediatra. Sí. Élodie idolatra a su madre. Cree que es el ejemplo vivo de fortaleza, y que debería tener una estatua en algún lugar de Sydney. Fue quien la apoyó en su carrera, quien le dió más cariño... Todo. Sin embargo, la rubia se sintió muy decepcionada cuando su madre la dejó con su pena por la pérdida de su hermano para ir de viaje y ocuparse de su propia pérdida. La defraudó, la dejó más sola de lo que estaba.
»Araziel T. Darnell: Hermano mayor. Tenía veintitrés años cuando fue asesinado. Era su hermano, y lo quería a pesar de que era un completo hijo de puta. Jamás supo sobre "la profesión" de Araziel, tampoco preguntó nunca. Ahora lo odia por ser tan estúpido, por dejarla sola.
»Oliver C. Roberts: Esposo de su madre. Cuarenta y siete años. Maestro de matemáticas. ¿Qué decir de Oliver? Prácticamente ha sido la persona que la crió, más padre que su padre.
»Céline F. Bossieu: Esposa de su padre. Veintiseis años. ¿Esposa trofeo cuenta como profesión? La odia por ser superficial, rubia oxigenada y tonta.
»Juliette H. Darnell: Medio-hermana. Cinco años. Estudiante de jardín de infantes. Ni la odia, ni la quiere; directamente ni siquiera la conoce.
»Historia:
Nacida en el hospital de Sydney, en el que Amelié trabajaba como pediatra, la primer niña de los Darnell -una familia clase alta, sí- iluminó la habitación con su llanto de recién nacido. Que la madre observe a su hija dió paso a una sola cosa, a que en su mente se susurre un nombre que marcaría la diferencia: Élodie Beatrice Darnell. El pensamiento de la mínima posibilidad de que su hija, su niñita, se llamara así -como su abuela- le trajo lágrimas a los ojos y una sonrisa de felicidad absoluta. Probablemente Amelié debería de recordar cuánta felicidad le producía el sonido del nombre de su hija unos días después... Exactamente cinco días después, cuando Edward le diría a su esposa que deseaba el divorcio. Fue un golpe bajo para Amelié, ¿para qué negarlo? Ella estaba enamorada de su marido, estaba realmente enamorada; sin embargo, no estaba dispuesta a obligarlo a que sigan juntos. ¿Él quería el divorcio? Pues lo tendría, aunque fuese un duro golpe para ella.
Así fue como Amelié se llevó a Araziel -el hermano cuatro años mayor de Élodie- y a una bebé de apenas unos días de vida a la casa de su madre, Natalie. Aunque era una simple bebé y por ésa razón no recuerda absolutamente nada, años más tarde su hermano mayor le confesó que había oído llorar a su madre durante dos meses completos, incluso más. Tres meses más tarde, Natalie falleció por causas naturales y la casa quedó para su hija y su descendencia. Un par de años más tarde, Edward se casó nuevamente, ambos niños presenciaron la boda de la mano. Élie no comprendía nada, siendo sincera; sólo veía a su papi con otra mucho más joven... y ya. Araziel probablemente sí que entendía mucho más.
Años, años, años pasaron desde aquel día. Llegaron los diez años de Élodie, y la primer citación para Amelié: la niña no hacía los ejercicios de matemáticas ni aunque la obliguen. Una pequeña Élodie de diez años y un joven Araziel de catorce no entendieron qué sucedió en aquella reunión sino luego de varios meses. El profesor de matemáticas, el Sr. Roberts, salía con Amelié. ¡Salían, luego de años de que su madre no quisiera estar con nadie! Era una fantástica noticia, y más aún por el hecho de que ahora tendría a su profesor para que le ayude a hacer las tareas de matemáticas. No había cosa más fantástica. Ése mismo año, Edward se divorció -nuevamente, para variar- y volvió buscando el amor de su ex-esposa. Amelié se negó rotundamente, y desde ése mismísimo instante es que está profundamente orgullosa de su madre.
La adolescencia llegó, y con ella el mundo más loco que se pueda imaginar. Drogas, alcohol, sexo, fiestas interminables. No sólo para Araziel, quien ya estaba en aquel negocio desde antes que su hermana, sino que también para Élodie. Ella, que era una dulzura, que era tan fácil de manipular... Drogas, sexo, alcohol y fiestas llegaron a ella con sólo catorce años. Luego, un cazatalentos la descubrió cuando salía con sus amigas por el centro comercial. Le dijo que podía ser modelo, que sería genial haciendo tal cosa. Un par de meses después, ella dejaba Sydney para irse directamente a Estados Unidos.
Estados Unidos era competitivo, tal vez demasiado para la dulce juventud de la rubia. También exigente, excesivamente exigente. Que si las dietas, que si el ejercicio, que si dejar de comer tal cosa y tal otra, que si "estás más gorda que hace dos meses". Aquí, un año después de ingresar al mundo del modelaje, la bulímia la atrapó. Lo poco que comía, lo eliminaba como sea. Los de la agencia no tardaron en advertir ésto, y la anotaron en un curso de re-habilitación. Se curó, volvió a la superficie con rapidez, flotó nuevamente. (Ése año, su padre volvió a casarse, ésta vez con Céline Boissieu, veinte años más joven que él) Volvió a las pasarelas, a los flashes. Tomó la fama que le correspondía, y comenzó a hacerse más y más conocida. Poco a poco.
Pasaron los años, ella no volvió a Sydney desde aquel día en que se fue. ¿Quién diría que la razón por la que debería volver sería la muerte de su hermano? Fue un golpe duro, más de lo que podía aguantar. Oliver y su madre fueron un gran apoyo, pero la pérdida de su hermano -además de la terrible verdad de que era narcotraficante- fue demasiado para Élodie. Pero luego ambos la dejaron, se fueron a tomarse un año "para superar la pérdida de Araziel". Malditos, cuánto la defraudaron. Entonces la corriente la arrastró, se la llevó. Se llevó la religión de la rubia a rastras, y también la luz de esperanza de algo mejor. Volvió la bulímia, volvieron las drogas que había logrado dejar a los catorce años, volvió el alcohol, volvió el sexo, y volvieron las fiestas. Todo daba igual. Y desde entonces, no volvió a la superficie. Oscuridad, dolor, sufrimiento... Élodie.
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Élodie B. Darnell

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Re: Élodie B. Darnel.

Mensaje por Élodie B. Darnell el Miér Mayo 04, 2011 10:28 pm

Y después de tresmilquiticientosmillonesde años, terminé la ficha. Les presento a otra de mis cosas feas y que ni yo entiendo (:

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ÉlodieBeatriceDarnell

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Élodie B. Darnell

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