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Penélope W. Gallagher.

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Penélope W. Gallagher.

Mensaje por Penélope W. Gallagher el Jue Mayo 05, 2011 10:42 pm


Penélope Wendy Gallagher
'You're a firework'

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Información inicial.

»Nombre Completo: Penélope Wendy Francesca Gallagher Monroe.
»Apodos: En su mayoría, las personas la llaman por su segundo nombre: Wendy; pero también están los que le dicen Penny -aunque, en realidad, odia bastante éste último, sólo Alex y Andrey la llaman así-. No le gusta, para nada, que le llamen por su nombre completo. Tal vez, incluso, pueda aceptar que le digan Cesca, pero no más. Ah, ¡claro!, y también los típicos como "pecosa", "pelirroja" y demás.
»Fecha de Nacimiento: Primero de Mayo, 1991. Tiene veinte años, y cuenta los días antes de cumplir los veintiuno.
»Ocupación: Pinta. Sí, pinta, con pinceles, pinturas, y todo eso. Principalmente se dedica a hacer murales, pero alguna que otra vez se dedica a hacer retratos. Sí, deambula por las calles haciendo dibujos. Pero, cuando no tiene la inspiración suficiente como para pintar, trabaja de otra cosa. ¿Por ejemplo qué? Barwoman, camarera de Starbucks, etc., etc. ¿Que dónde queda ésto? En otros, supongo.
»Rango: {Espacio en construcción. Luego podrán editarlo-completarlo.}

Información física.


»Descripción Física: Es difícil explicar una belleza tan poco común, tan complicada de entender. Porque aunque puede que a mí me guste -y, por cosiguiente, describa de forma maravillosa-, puede que a tí no. Para gustos los colores, vamos, pero intentaré de todos modos ser lo más objetiva posible.
Fuego, energía, ternura, ¿a que es exactamente éso lo primero que piensas cuando la vez? Rojo, el color de cabello de la chica es un rojo-anaranjado-marrón encendido, cortado por la mismísima Wendy con unas tijeras viejas que encontró en casa. Con un flequillo que la mayor parte del tiempo está totalmente desordenado y que, también, está cortado por ella misma así, de cualquier forma. No te confundas, odia las tinturas para el cabello, es su color real... aún cuando hay veces en que puede verse más claro o más oscuro según cuánto tiempo pase bajo el sol, adquiriendo una tonalidad similar al rubio cuando está mucho tiempo bajo el sol y un tono rojo encendido cuando está poco tiempo bajo el mismo. Bajemos un poco más la vista, y fíjate ahí. Sí, creo que ya las haz visto: pecas. Cientos de puntitos de un color sucio, similar al marrón claro, que resalta ante la pulcra visión de la nívea piel de la chiquilla ya no tan pequeña. Observarás su nariz, y la encontrarás suavemente respingada, cubierta también por muchísimas de aquellas manchitas. Ahora, mira a ambos lados de su nariz: sus ojos te llaman a ahogarte en ellos. Verde oliva y marrón miel se ven unidos para lograr el color de los ojos rasgados de Wendy. Profundos, tan profundos y atrapantes como el más hondo de todos los océanos. Son como un par de tentáculos, que buscan hundirte en lo más profundo... y antes de que te des cuenta, cumplieron con su propósito. Unas pestañas espesas y largas coronan el par de esferas verdes, otorgándole una mirada de por sí muy bella. Y el siguiente rasgo es, probablemente, el que más llamará la atención: sus labios. Sí, lo sé, ¿qué pueden tener de especial los labios de una chica? No sé, pero los de ella sí lo tienen. El labio superior está arqueado hacia arriba de una forma tan bonita, tan delicada, tan... Muchas personas dijeron que ése labio "suplicaba ser besado". Está bien, su labio inferior también es adorable pero... el superior tiene una forma tan especialmente diferente, que simplemente enamora.
Siguiente fase: cuerpo. ¿Cómo describir a Wendy? Simple: como un saco de huesos. Demasiado delgada, aunque la razón de ésto lejos está de ser por un trastorno alimenticio de ningún tipo. Simplemente es delgada, tal vez demasiado, pero es una cuestión de genética y ya. Sus senos no resaltan más de lo que un chichón lo haría en tu pecho. ¿Qué quiero decir? Que es tan -o más- plana que una tabla de planchar, que poco difiere de una niña de ocho años, que sus senos podrían entrar en las manos de cualquier persona y, de hecho, sobraría espacio. Sus curvas tampoco son las más pronunciadas, o las más bonitas. De hecho, son tan poco notorias que hay veces en las que es difícil diferenciarla de un muchacho. Una suave curvatura para la cintura y las caderas, nada más. Sus muslos son pequeños, y sus brazos y piernas tan delgados como palillos. Tal vez pienses que podría partirse en dos, tan fácil como lo hace una ramita, pero no; es más fuerte de lo que crees. Lo que le falta de curvas, lo recompensa con su personalidad arrasante.
»Otros datos: Varía, varía todo el tiempo. La ocasión importa muchísimo a la hora de escoger qué usará. Aunque en su mayoría, viste jeans desgastados y viejos con camisetas holgadas que eran -en su gran, gran mayoría- de su madre, con motivos de flores, estampados coloridos, personajes Disney tales como Mickey ó Minnie, y tal vez de alguna banda indie que le agrade. Sin embargo, no podemos dejar de lado el hecho de que tiene sus momentos en los que le gusta optar por alguna prenda más delicada, tales como una falda y alguna bonita -además de "más femenina"- blusas de colores vivos. Pocas, casi nulas, son las veces que usa colores pastel. ¿El rosa? Le encanta, sí, bueno, pero la hace parecer una tonta, o, ¡peor!, una niñita que necesita que la cuiden. Y, definitivamente, ésa no es la intención.

Información psicológica.


»Personalidad:
" -Penélope, ¿te gust...?- el tartamudo adorable fue interrumpido.
-Wendy.- le corrigió la pelirroja, sonriéndole al chico.
-Wendy, ¿te gustaría que tú y yo...? Tú sabes, eh... pues eso, sí, ¿querrías ir...?- tartamudeó, y la chica sonrió aún más ampliamente, muerta de ternura.
-Claro que saldré contigo, vamos a tomar un helado.- le propuso, y lo tomó de la mano para dirigirse a la heladería más cercana."

¿Alguna vez has visto ésas bonitas -y, a la vez, aterradoras- muñecas de porcelana? Sí, ésas con los rizos dorados, los labios pintados de rosa, con bonitos vestidos y tan hermosas que da "cosa" tocarlas. Bueno, Wendy no está dentro de ésos estándares de muñequita de porcelana, aunque sí posee algunas características que tienen dichas mujercitas sin vida. No puedes jugar con ella, porque ante el más mínimo rasguño se rompe en mil pedazos. No, no llora, si es eso lo que te estás preguntando. Su dolor va más allá de las lágrimas, su dolor queda dentro de sí y se expande a su arte. ¡Hey, pero no te dejes llevar sólo por el dolor! Ah, claro, claro, es cierto. Mejor hablemos de cómo se comporta la gran mayor parte del tiempo. Enérgica, sufre de TDAH desde que era pequeña y, aunque está en un "auto-tratamiento" (o así es como ella llama a automedicarse con cafeína y nicotina), sigue sufriendo de la hiperactividad que desde pequeña la atrapa. Una niña precoz, con un sentido de la moralidad que sorprendía a muchos. A pesar de todo, a pesar de su Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, hay algo que puede sacar definitivamente a esta bonita pelirroja de la trampa que podría significar el trastorno anteriormente nombrado: un alto coeficiente intelectual. Siempre, siempre destacó por su creciente creatividad y se diferenció por sus ideas significativamente distintas y -generalmente- contradictorias. Nunca podrá estar atenta a una misma cosa por mucho tiempo, le es imposible. Dice que se aburre, que necesita algo nuevo. Y sí, efectivamente, si necesita algo nuevo dejará de lado lo viejo y volará cual paloma buscando aquello que la llama a la renovación. De más está decir que es mucho más que probable que se aburra también de aquello nuevo, y el ciclo comience nuevamente. Ésta es una de las principales razones por la cual su relación más larga duró quince días. Otras de las razones fueron que ella no solía darle demasiada importancia a su pareja, y la relación terminaba por deteriorarse poco a poco cual flor sin agua.
Es una chiquilla, ¿para qué decir lo contrario? Aunque parezca toda una mujer, es una chiquilla: más buena que el pan, tan inocente como un bebé y eternamente fresca como una flor en primavera. Con una sonrisa chiquilina en el rostro, actitud positiva y manchas coloridas de pintura en el rostro, te mirará, te tomará de la mano y te invitará a ir con ella a su mundo un ratito. Un ratito que se convertirá en más, y más; porque siempre querrás más de ella. Es inevitable quererla por su manera tan dejada de ser. No compromisos, nada para largo plazo. Presente, presente, presente. Después de todo, el presente es lo que hay, ¿no? El pasado fue, y el futuro ya vendrá. Aunque sí, le impacienta pensar en qué le depara el futuro, pero ésto sucede con absolutamente todo. Es impaciente en sí misma, por el TDAH, MUY impaciente. Si quiere algo, es porque lo quiere en el momento. No en tres horas, no es tres minutos, no en tres segundos. Ahora, ya, en éste momento. Y no, no es capricho: es... Bah, sí, es capricho e impaciencia. La realidad de Penny/Wendy no es muy diferente a la de cualquier otra persona totalmente normal, pero las diferencias sí que son notorias por mucho. De pequeña se sintió queridísima, de adolescente sintió que el mundo estaba en su contra, y de un poco más mayor es quien es, así, sin tapujos. Pero sí, las diferencias están en el hecho de tener que depender de un poco de cafeína y nicotina para controlar una enfermedad, en que hay veces en las que siente que tiene un motor dentro de ella en lugar de un corazón. Tiene miedo de ser una máquina, manejada por un par de tornillos, cables, motores y demás. Le teme en lo más profundo de sí, y lo peor que podrías decirle es "¿alguna vez paras, o es que eres una máquina automática?". Ella sólo desea tener un corazón que palpite sin que nadie diga que es un robot o algo parecido, llegar a un punto en el que se sienta cansada -con la necesidad, urgente, de dormir- como cualquier persona normal, prestar atención y poder llevar relaciones que no terminen a los pocos días por culpa de su propio aburrimiento. Pero, qué va, ella tampoco es que pueda quejarse. Después de todo, al final del día, siempre hay que recordar que cada uno es lo que es y nadie puede cambiar eso. Habla hasta por los codos como es de esperarse para alguien como ella, y pocas son las veces que escucha. Porque simplemente no puede escuchar a las personas sin soltar un bostezo de puro aburrimiento. Se aburre, se aburre, se aburre. Más claro el agua sin gas. Ay, algo probablemente malo de ella: impulsiva. Nunca, nunca piensa antes de realizar cualquier acción. Sea cual sea, ella lo hace sin pre-meditarlo, sin pensárselo, sin preguntarse "¿y qué sucedería si...?". Nada, nada, no hay nada. Ella lo hace y punto. ¿Arrepentimientos luego de hacer algo? Tal vez, muuuy pocas veces, siendo sincera. Pero no, no es que no tenga remordimientos o algo de eso, sino más bien un hecho de... ¿insensibilidad? Probablemente pueda ser una de las palabras para definirlo.
Y si hay algo que simplemente no puedes darte el lujo de olvidar, es que Wendy es celosa. Más celosa de lo que cualquier persona podría creer. Aunque no le van los compromisos, aunque las relaciones se le escapan de los dedos como si de arena se tratara, ella es lo más posesiva que podrás ver alguna vez. Ella es simplemente celosa de toda aquella persona que se le acerca. ¿Eres su amigo? Bien, recuérdalo y bien, porque eres SU amigo y no puedes cambiarla por nadie más. Sí, bueno, está bien que tengas otros amigos... pero no puedes olvidarte de ella, no tienes que olvidarte de ella, no debes olvidarte de ella. Te prohíbo que te olvides de ella. ¿Tuvieron una relación, por más corta que fuera? Entonces, mejor que no te vea con nadie más. ¡Ruega al cielo que no sea así! Porque, sinceramente, es capáz de hacer una escena de celos ahí mismo, ni bien te vea con alguien más. No importa si su relación fue hace cuatro años, ella recuerda siempre todo, porque por menos atenta que sea tiene una memoria de lo más envidiable. Nada se le olvida, nada se le pasa. Nunca. Si comenzaron siendo amigos, terminarán siendo amigos. Si comenzaron siendo enemigos, exactamente así es como acabará todo: siendo enemigos. Ríe lo que quieras, pero una pelirroja pecosa con un labio superior "que suplica ser besado" en un ataque de celos no es lo mejor que puedes pedir cuando estás con otra persona.
La niña interior de Wendy ruega por salir a cada momento, y la pelirroja no puede hacer más que aceptar el hecho. Adora la sensación de ser una niña otra vez, aunque le dure unos pocos minutos antes recobrar la cordura. Cordura. ¿Realmente existe ésto hablando de Penny Gallagher? Pues, depende de cómo lo mires; aunque sinceramente el mayor porcentaje de personas dijo que no, que es imposible que ella, que la pelirroja de sonrisa bonita, sea una persona cuerda. El resto dijo que no tenía ni idea y que, en realidad, tampoco le interesaba. ¡La sociedad de hoy, cada vez peor! Encantadora, fresca, simple, natural. Sin demasiadas complicaciones, sin pensamientos malos hacia nadie, sin la capacidad de hacer mal. Porque es una inocente, una crédula y una ilusa total. Sí, está bien que sus relaciones no duran más de dos semanas, pero en ellas es romántica hasta la médula. Tanto con ellas como con ellos, porque sí: es bisexual, y lo clama a los cuatro -cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez- vientos desde los quince años. Las curvas femeninas le parecen obras de arte, el cuerpo masculino le parece digno de admirar. Y le gusta ambos sexos porque no puede decidirse, porque da tantas -y más- vueltas que un carrusel en el parque de diversiones. Indecisa, pero cuando por fin toma una decisión es fiel a esta hasta el cansancio. Una vez que se cansa, deja de lado ésta idea y va a por otra. Pero, después de todo, de éso se trata la vida la vida, que es un constante ciclo de intercambios, se trata de pruebas, de errores y aciertos, de miedos y gustos, de tristezas y alegrías. Vive y deja vivir, dijeron alguna vez.
Ella se encariña con todo el mundo, hasta con el detalle más mínimo. Ama lo simple, lo que necesita de poca atención para ser percibido. Porque éso es exactamente lo que ella tiene para dar: poca atención, mucha alegría, aventuras de hiperactiva que es, y ataques de celos cada tres segundos. ¿Complicada? Depende de cómo la mires.

"-¡Vamos, vamos, vamos! ¡Es hora de levantarse! ¡El sol está en el cielo, los pájaros cantan, la luna ya se fue a dormir, el parque está abierto, la heladería también, podemos ir a jugar todos juntos...!- canturreó en una exclamación, de un tirón, casi sin respirar, una extremadamente hiperactiva pelirroja.
-¡Dios mío, Wendy! ¡Son las 6:00 am! ¡¿Estás loca?! Vuelve a la cama de una maldita vez.- exclamó uno de sus amigos. Wendy se enojó, y frunció el ceño.
-¡Hey, hey, hey; a las 6:00 am se pueden hacer muchas cosas! Vamos, acompáñame al parque y prometo que te dejaré ir primero en el tobogán.- Neil, su amigo, rodó los ojos ante la insistencia de su amiga y, minutos después, ya salían por la puerta camino a jugar en el parque."

»Gustos:
►Lejos, su estación favorita del año es la primavera.
►Las flores, el sol, el aire fresco -no frío, sino fresco-, la playa aunque jamás la haya conocido.
►Sonrisas, de quién sean, cuándo sean y cómo sean.
►Los niños son su perdición. Nunca puede resistirse a hacerles dibujos y regalárselos a cambio de un abrazo. Visitaba periódicamente un hospital en Londres para animar a niños con enfermedades terminales.
►Aunque suene aniñado, tonto y demás, los cuentos. Sí, sí, los cuentos de hadas. Con finales felices.
►Cafeína y nicotina, controlan medianamente el TDAH.
►Los helados, dulces, y demás chucherías. Más aún si se tratan de algodones de azúcar; su perdición.
►Los domingos por la tarde, en ése tiempo en el que el aburrimiento la apacigua. Sí, éso.
►Aprender juegos nuevos que, luego, podrá enseñarles a sus amiguitos del hospital.
►El verde esmeralda es, y siempre será, su color favorito.
►Reírse, adora reír, disfruta riendo.
►Bailar, saltar, cantar muy alto, jugar, hablar mucho. ¿Hiperactividad? Nooo, ¡para nada! -irónica-.
►Las películas. Curiosamente, es lo único que le llama la atención y puede pasarse horas mirando películas.
►Pintar. Duh, es obvio, ¿no?
►Suele pasar una hora al día leyendo cosas en internet, en ése momento del día en que no está segura de qué hacer.
►Los animales, tiene un amor inmenso por cualquier chucho. Incluyendo los más feos.
►Hay una pared de su habitación que está completamente escrita con su letra. Todas son frases, algunas en letra cursiva y otras en imprenta. Algunas finiiitas, y otras más gordas. Le encanta, es su "pared de los sueños". Ahora, en la habitación que tendrá en Sydney, hará lo mismo.
►Volar. Sí, como leyeron, ella adora dar paseos en helicóptero... aunque lo haya hecho dos veces en toooda su vida.
»Disgustos
►Cafeína y nicotina. Y no, no me equivoqué, sé perfectamente que está en ambos puestos. Odia haberse vuelto dependiente de éste par malévolo.
►No sentirse especial. Ella sólo quiere eso: ser especial, en el buen sentido.
►Lágrimas. Más claro el agua sin gas; no soporta ver llorar a las personas, siempre termina con un nudo en la garganta.
►Que le digan que es molesta, que es como una máquina y demás.
►La violencia, de cualquier tipo.
►¡ODIA el frío con todo su ser!
►Mentiras. Le da igual si son blancas o negras, grandes o pequeñas. Son mentiras, al fin y al cabo.
►Es alérgica a la lana. Sí, sí, lo sé; los inviernos sí que son bonitos sin lana. Así que, sí, no soporta la lana.
►Las personas pesimistas, demasiado amargadas ó que incluso perdieron su niño interior.
►La lechuga. No tiene gusto, es como comer pasto. Punto.
►Maltrato animal.
»Otros:
Manías:
►Arrugar la nariz, lo hace todo el tiempo; especialmente cuando pinta.
►Hacer muecas, todo el tiempo.
►Gesticula con las manos, DEMASIADO, al hablar.
►Sonrojarse cuando se equivoca, cuando habla en el peor momento. Su rostro adquiere el color de las fresas.
►Hablar consigo misma cuando alguien la ignora.
Fobias:
►Que el TDAH le gane, y por ésto pierda a sus seres queridos.
►Quedarse sola. No sobreviviría, no sabría cómo hacerlo.
►Morir. Sí, miedo a morir, pero a morir antes de hacer algo que marque su paso en el mundo.

Historial personal.


»Familia:
►Raymond J. Gallagher, cincuenta y dos años. Padre. Modelo de vida, éso es lo que Raymond significó siempre para Wendy. Un padre justo, equitativo con todos sus hijos, cariñoso, amable y eternamente servicial. Nunca les levantó la voz a sus niños, pero al momento de tener que regañarles su tono cambiaba para dejar en claro que estaba enojado. Es, aún hoy, un simple farmacéutico con la vida que siempre quiso. Adoraba a su única hija por sobre muchas cosas, y sin lugar a dudas siempre la mimó muchísimo por ser la única niña; especialmente luego de la muerte de la madre de Wendy.
►Anne L. Monroe, muerta a los treinta y siete años. Si estuviera viva, tendría cincuenta y un años. Madre. Amorosa, llena de amor para dar, siempre comprensiva y muy sensible. Tenía una simpleza de andar, hablar y sonreír que cautivaba a las personas porque sí. Era carismática, y la persona que daba el contrabando de dulces a sus hijos todos los domingos por la noche aún cuando el padre de familia se negaba a que así fuera. Wendy la recuerda. Poco, pero la recuerda. Desgraciadamente sólo recuerda los últimos días de su madre, cuando el cáncer ya la consumía casi por completo. Era odontóloga.
►Armand M. Gallagher, veinticinco años. Hermano mayor. Si bien la diferencia de edad no es exagerada, sí lo fueron las diferencias entre los hermanos. Excesivamente sobreprotector, celoso, desconfiado y, a veces, incluso violento. No lo parecía, Armand siempre tuvo el "don" de caer bien a las personas y poder formar una sonrisa aparentemente sincera en el rostro... pero a ella, a Wendy, nunca pudo engañarla. Ella sabía perfectamente que su hermano no era lo que aparentaba. Drogas y peleas cada noche, éso era realmente Armand. Actualmente, está preso en una cárcel estadounidense por tráfico de drogas.
►Patrick C. Gallagher, veintitrés años. Hermano mayor, también. Si Armand era el malo, sin lugar a dudas Patrick era el bueno. Siempre lo fue, y lo sigue siendo. Protector y defensor de la justicia, siempre la voz de la razón, con alma de líder y un romántico empedernido. Sin embargo, lejos está de ser debilucho. Él se enfrentaba a Armand para defender a Wendy, él era quien defendía a los inocentes, él era el que prefería vivir soltero, él, él, él. Estudió derecho, actualmente vive con Sarah, su mujer, la cual está embarazada. Y sí, ejerce su profesión con profunda dedicación.
►Gregory O. Gallagher, veintiún años. Hermano mayor. Es, probablemente, la persona con la que más confianza tiene. Personalidades parecidas, gustos parecidos, edades bastante cercanas en comparación a la de sus hermanos. Vivaz, espabilado, divertido, abusa un poco de la ironía, y sumamente bromista. No cruza barreras que no deba cruzar, porque piensa todo MUY BIEN antes de hacer cualquier cosa. Sin lugar a dudas y/o quejas, el mejor amigo de Wendy. En la actualidad, es estudiante de psicología en una universidad londinense.
»Historia: La primavera hacía acto de presencia, y la ciudad inglesa, Londres, agradecía el suave rocío que caía en las calles del lugar. Aquel 1 de Mayo sería recordado para siempre como el día en el que nacería una chispa de luz, una pequeña porción del sol caída del cielo: Penélope Wendy Francesca. Sí, lo sé, tres nombres incompatibles entre sí... pero la verdad es que nada lo era en la familia Gallagher. Anne y Raymond se habían conocido y enamorado mediante discusiones constantes, ambos tenían una personaldad excesivamente inflamable; el amor los ablandó, a ambos. Y tener hijos no hizo más que terminar por convertirlos en los más cariñosos padres que se haya visto alguna vez. Primero Armand, seguido por Patrick, luego Gregory y finalmente la bonita Wendy. Una familia feliz, eternamente feliz. El día de su nacimiento, Penélope -que, por aquel entonces era mucho más pequeñita, con ojos grises típicos de los bebés pequeños, y con apenas el asomo de una pelusilla rojiza a modo de cabello- sonrió para todos en sueños. Luego de ésa sonrisa, despertaría y no dormiría durante aproximadamente cinco horas, algo extraño para un recién nacido. Ahí es donde los padres de la niña comenzaron a sospechar que su hija sería especial.
A la edad de cinco años, le diagnosticaron Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad. Estaba claro desde un principio que nisiquiera una niña podía estar tan enérgica, con tantas ganas de hacer cosas, aún a los cinco años. Y el hecho de que ella no prestaba atención no hizo más que aumentar las posibilidades. Al llevarla a un médico especializado en neurobiología que les informó que su hija, su niñita especial, sí que era especialmente hiperactiva y que así sería por la mayor parte de su vida a menos que la medicaran para que, al menos, durmiera las ocho horas diarias necesarias. Éste fue un año por mucho shockeante, y de muchos cambios. No sólo la noticia de que Wendy sufría de TDAH, sino también la muerte por culpa de un cáncer terminal de Anne y la repentina falta de un modelo femenino en la vida de una pequeña pelirroja sin la capacidad de la atención.
Raymond tuvo que tomar el mando y guiar a la familia. Con Armand, Patrick y Gregory no fue difícil. Después de todo, eran chicos, no necesitaban demasiados cuidados y tampoco excesiva atención. Penny fue otra historia, una muy distinta. Ella era una niña, ella tenía que usar ropa de niña que una madre escogía y no ropa marimacho claramente escogida por papá. Ella en un futuro no muy lejano tendría otro tipo de problemas, y no tendría una madre para aclarar sus dudas. Sólo tendría a su padre, que poco y nada sabría de ciertas cosas. Por ejemplo, cuando le viniera la regla, ¿cómo rayos podría un hombre explicarle por qué sucede ésto? O cuando sus pechos crecieran -no es que lo hicieron demasiado, ya que estamos-, ¿cómo sabría él qué sujetador tendría que utilizar su hija? Pues eso, ya se estarán imaginando cómo va la cosa: ella fue un niño más. Así como lo leen: un niño más, un hijo más, varón sin "paquetín", varón pelirrojo e hiperactivo.
Adolescencia, época en el que la persona siente que el mundo está en su contra o que, por el contrario, siente que el mundo decidió ignorarlo. Contradicciones a todo y todos, morales cambiantes y hormonas totalmente revolucionadas. Sí, sin lugar a dudas, Wendy fue una adolescente más. Una adolescente que descubrió la exhuberante belleza que una fémina puede poseer. Una adolescente que también descubrió que no todos los chicos eran idiotas, que no todos eran iguales. Una adolescente que aprobaba el año por tener un alto CI, a pesar de tener en contra el TDAH. Una adolescente con sus problemáticas familiares, de amistades, de amores que no le duraban siquiera un mes y demás. En ésta etapa encontró la manera de dejar los medicamentos que tomaba para bajar un poco la intensidad de su enfermedad: cafeína, nicotina, o ambas. Ella escogió ambas, por mero capricho y "acto de rebeldía".
Finalmente, la etapa de su vida que vive actualmente. Alegría, dependencia, pintura, color, sonrisas. Aún vive con su padre, porque no puede deshacerse de ésa parte de su vida. No puede dejar todo atrás. Por decir alguna otra cosa, trabaja de ésto y aquello, lo que ve y le parece interesante intenta hacer. Pero su verdadera pasión es, sin dudas, el arte. Y siempre lo será.
Hace un par de meses, Alex y Andrey -sus mejores amigos en el mundísimo entero- dejaron Londres para fundirse en una "aventura". El su australiana era la elección de ambos. Aguantó durante un mes y medio sin ambos, pero luego se cansó y... bueno, compró un boleto de avión, se despidió de su papá, y voló a Sydney. Ahora busca a sus amigos, como buena impulsiva que es. De hotel en hotel va, y hasta que no los encuentre y les recrimine por dejarla abandonada allá, en Reino Unido, no parará. Y con "recriminar" me refiero a "abrazar mucho", que conste.

Penélope W. Gallagher

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